Margarita Solé es fotógrafa, madre, hija, nieta, amiga. Nació en La Pampa y vivió su primera infancia en Suecia, lugar en donde su familia se exilió durante la última dictadura cívico militar. Acaba de publicar su primer fotolibro “A la sombra del nogal”, en el que bucea sobre su identidad, las relaciones de cuidado entre madre e hija, la crianza, entre otras grandes preguntas que busca responder con imágenes.
Por Viviana Fulleringer
@vivifulleringer
Acerca de cómo surgió el proyecto y sobre su historia, conversó con La Gaceta Educativa:
Es un proyecto que vengo trabajando hace tiempo, y que fue mutando. Tiene que ver con temas de identidad y es muy personal: mi madre, mi hija y yo, formando una tríada y una búsqueda que habla de mis orígenes y de cuál es la idea de hogar para mí.
La autora nació en 1977 y en 1979 fue a vivir a Suecia con sus padres y sus tres hermanos. En Suecia ya vivían su abuela y su tío. Volvieron cuando regresó la democracia.
Mi vida en Suecia es toda una historia linda, tuve una infancia hermosa, es un lugar ideal para crecer, está preparado para niños, pero bueno, éramos pocos ahí, no tenía primos, no sabía lo que era tener una familia más extensa. Y ahí empiezo a sentir que “no sé de dónde soy”.
De aquel momento, se acuerda de que una vez su papá Miguel grabó un video en VHS para enviar a su familia que estaba en Argentina. Eran tiempos analógicos. Habían alquilado una cámara con mi tío y se grabaron a las dos familias y se lo enviaron. Después, sí tengo guardada una postal que hice yo para un cumpleaños de un abuelo.
El regreso es un recuerdo vívido: En el aeropuerto nos esperaba un montón de gente, en el de Santa Rosa. Todos mis primos y amigos de la vida de mis padres. En 1984 volvieron todos juntos, tenía un abuelo viviendo en España. Mi mamá estaba embarazada de mi cuarto hermano.
Margarita tuvo que adaptarse al idioma y aprender a escribir. Pensaba que un guardapolvo era una cajita, para guardar algo. Todo era muy distinto.
¿Cómo es tu relación con la fotografía? ¿Cuándo nació?
A los dieciséis, en los últimos años del colegio, quise estudiar fotografía. En La Pampa no había ningún espacio para eso, pero me mandaron a estudiar con un maestro, un fotógrafo de Santa Rosa, iba a estudiar y me enseñaba. Y después, cuando tuve la posibilidad, vine a Buenos Aires, estudié en una escuela privada de fotografía, me recibí como en el 2001.
Soy fotógrafa profesional. Siempre me gustaron las fotos como medio para contar mis cosas, para expresarme, para hablar de mí, sin darme cuenta. Este es el primer trabajo que habla sobre mi identidad; de dónde vengo y quién soy, porque al final para mí se trata de eso este libro.
La maternidad
Este tema, el de la identidad, es el que marca casi toda mi fotografía, mi trabajo artístico. A mi hija Gina la fotografié desde el día cero para hacer un álbum más casero, y después me doy cuenta que empiezo a querer contar como una especie de asfixia que tengo al ser mamá.
Estaba entonces muy enfocado en la maternidad y en lo que a mí me estaba pasando con eso, de las cosas que no se dicen, el lugar que ocupás como mujer, que ya perdés como la parte erótica y te convertís en un objeto de otros. La demanda permanente. Y eso fue mutando con los años, porque no lo quería enfocar por ahí, y también me fui como encontrando con mi mamá desde otro lugar, y un poco el trabajo habla de eso, de la herencia, pero no por rasgos, sino como esto que que te van enseñando casi silenciosamente, que vos, yo sentí, que mi mamá me la transmitía o mis abuelas y que tiene que ver con la lengua, que tiene que ver con cómo criás, me cuesta ponerlo en palabras y por eso lo puse en imágenes. La maternidad fue -sigue siendo- un aprendizaje que quise mostrar en el libro.
El proyecto editorial arrancó hace un año y medio. Y se publica en diciembre por la editorial La Luminosa, que se dedica especialmente a estas publicaciones, en una apuesta autogestiva de Magui.
La técnica
Fui trabajando mucho los claroscuros, para mostrar aquello que no se dice o que es un poco más misterioso. Todo eso traté de volcarlo como teniendo esa técnica. Ahí se ve lo inconsciente, digamos, lo que no está en la superficie.
Todas las fotos son digitales. Casi todas fueron hechas en La Pampa, en este lugar que yo tomo como el lugar donde nací, que es una zona rural. Mi mamá después de todas las vueltas de su vida vuelve a vivir ahí, un sitio que se llama “El Hormiguero”. Es una chacra privada, cerca de Santa Rosa.
Hay un pequeño anexo, un pequeñito librito que va adentro, que tiene fotos de mi infancia. Esas fotografías las tomó mi papá Miguel y son analógicas
En los colores de la composición hay algo de dorado, en los cabellos. La obra está atravesada por tonos azules, ocres y negros.
No hay epígrafes en las fotos. Margarita quiere que la imagen, y sólo la imagen, sea la que hable. Hay un texto final cuando termina el libro, y la idea es que “no sabemos nada, pero lo intuimos todo. Ese es nuestro poder”.
Y luego hay fotos con negros bastante plenos.
En una foto de su abuela materna, se ve una madera de piso marrón que se convirtió en negro. Hay otra foto de las tres: Margarita, la hija cuando tenía dos o tres años y la mamá, que también es abuela. Siempre ellas tres. En esa imagen se ve un pino.
Mientras redacto esta nota, ella está recibiendo en sus manos los primeros ejemplares impresos. Son preciosos. A la sombra del nogal se presenta el próximo 10 de diciembre a las 18.30 en la Librería del fondo, en Palermo, Costa Rica 4568. Tiene 80 páginas y se puede adquirir en la Editorial La Luminosa a través del IG @laluminosaeditorial