FOMENTAR LA EDUCACIÓN INTERDISCIPLINARIA: OTRA VIRTUD DE IMPLEMENTAR LA ROBÓTICA EN LAS ESCUELAS – Luis Sujatovich

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La robótica no debería considerarse sólo como una valiosa ocasión para desarrollar competencias tecnológicas, para la construcción colaborativa de conocimiento y para reformular el rol docente. Aunque no es poco cuanto permite si se emplea bajo una perspectiva innovadora,  es preciso señalar que tiene aún algo más que ofrecer a los estudiantes: el resultado de sus decisiones.

Quienes hayan tenido la feliz oportunidad de realizar una actividad en un aula, saben que no sólo cuentan con la fascinación que los equipos suscitan sino que además, quien conduce el proceso no es el adulto. Una vez establecidas las pautas de trabajo y organizados los equipos (sí, se trata de potenciar su aprovechamiento con alguna metodología activa) es muy agradable comprobar que los diálogos que van conformándose eximen de un minucioso acompañamiento, pues quien tiene las respuestas correctas no es un manual, ni un apunte ni tampoco el responsable de los artefactos. No las hay, al menos en el sentido que solemos otorgarle, dado que hay diferentes modos de resolver una situación con similar éxito. Las versiones que se ponen a prueba, utilizando el robot resultan fascinantes, porque asistimos a un hecho educativo unánime y prístino: en la interacción de los estudiantes con el resultado de sus cálculos se cifra la propuesta y se convalida su utilización. El esfuerzo intelectual que conlleva la elaboración de una estrategia que resulte de utilidad y la práctica de  habilidades emocionales y comunicacionales que deben ejercer para tramar acuerdos entre pares, nos ubican ante una situación privilegiada. ¿Qué docente no anhela ser partícipe de un acontecimiento pedagógico de tal magnitud? Porque el aprendizaje obtenido a base de diálogos, errores, imaginación y paciencia no acaba cuando la clase finaliza. El residuo cognitivo es, acaso, su bien más preciado. ¿O no conforman competencias y actitudes fundamentales para el crecimiento de una persona (y del conjunto) el ejercicio del diálogo comprensivo en pos de arribar a acuerdos, la perseverancia, la indagación, la plena expresión de las emociones y la imaginación colectiva?

La robótica educativa no debería confinarse a las horas de informática, porque – insertadas en una planificación interdisciplinaria – no sólo tienen la potencialidad de fortalecer competencias transversales, también están en condiciones de contribuir a la apropiación de los contenidos de otras disciplinas, tales como matemática, historia, prácticas del lenguaje, comunicación, construcción de ciudadanía, entre otras. El reto no está en aprender a usar los equipos, sino en convertirlos en materiales didácticos que puedan portar varias temáticas. La libertad creadora, el asombro y la reflexión sobre una problemática social, ambiental y de cualquier otra índole no están imposibilitadas de abordarse desde ella. El obstáculo es la rutina, la comodidad, el miedo a arriesgarse que padecemos, y que contagiamos, sin darnos cuenta. La incorporación de la robótica no significa que todo deba resumirse a la interacción con ciertos saberes técnicos y procedimentales  (¿hasta cuándo habrá que decirlo?); por el contrario supone un esfuerzo para abrir las asignaturas y convertirlas en campos problemáticos, dinámicos y de múltiples dimensiones.  Para eso la capacitación es importante, pero la imaginación y la audacia son fundamentales.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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