En la escuela secundaria la ciencia suele considerarse de dos maneras: con algunas disciplinas
y para interesar a los futuros egresados en carreras del área. Ambas resultan, por supuesto,
fundamentales. Sin embargo, cabría advertir la posibilidad de que ingrese de una forma
transversal para fortalecer (como una competencia relevante) la formación en todas las
disciplinas. ¿De qué forma? Incluyendo en cada ejercicio, debate, actividad y tema preguntas
metodológicas que permiten elucidar las fuentes utilizadas y los procedimientos empleados
para arribar a las conclusiones o datos que se ofrecen.
No es un abordaje tradicional, pero puede convertirse en una oportunidad muy valiosa para
aplicar en ejemplos concretos el sentido vital de la perspectiva crítica que ofrece la ciencia: por
ejemplo, si analizamos un material educativo que nos habla de la pobreza, ¿explica qué
entiende por ese concepto y en base a qué variables lo define? De lo contario, sería oportuno
recibir sus afirmaciones con cierta desconfianza. Si no se elucida cuáles son las definiciones
que se utilizan, si no se explicita cómo se han obtenido los datos y bajo cuál metodología
científica se han producido, ¿podríamos sostener que tienen validez sus apreciaciones?
Cualquier objeto de estudio debería pasar por las mismas interrogaciones, pero especialmente
aquellas ligadas a las nociones sobre la sociedad, la economía, la cultura, la tecnología, los
medios de comunicación y también sobre la educación. Es indispensable propender hacia una
distinción radical y permanente entre opiniones y datos, o, mejor dicho, entre el sentido
común y el conocimiento científico. Pero eso no debería conducirnos a suponer que es preciso
aumentar las horas de metodología, o que en todas las asignaturas hay que producir una
investigación. Alcanza con introducir la duda ante cada afirmación que se sume a una clase
para lograrlo.
Las noticias falsas, el engaño pederasta, las estafas y el robo de datos, por citar sólo algunos
flagelos, conforman un contexto álgido, proclive a la malversación de identidades, saberes y
recomendaciones que debe atenuarse desde la escuela, así como la ESI permite avanzar en la
disminución de los abusos intra y extra familiares. La subjetividad requiere el mismo cuidado
que el cuerpo.
Sería muy ilustrativo hacer una encuesta en diversos colegios para conocer de qué forma
abordan la lectura de materiales educativos, videos y demás recursos. ¿Alguien les ayuda a
dudar de aquello que transmiten? De lo contrario, apenas si se trabaja (acaso sin saberlo) en beneficio del sentido común (o sentido dominante, ¿no es cierto?), sin que se advierta que no
es lo mismo sostener una formación que pone en la cantidad de información que ofrece, su
principal beneficio, que inclinar el proceso hacia competencias que no precisan tantas
horas/datos para desplegarse, pero que permitan despertar la curiosidad, habilitar la duda y
proponer un acercamiento a la realidad desde aquello que no se dice. La escuela debe facilitar
el ingreso a la realidad por la puerta de atrás. Para cambiar las ideas, primero hay que cambiar
la preguntas.
Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social