Formar un sujeto no es sinónimo de garantizar su empleabilidad – Luis Sujatovich

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Una de las preguntas más recurrentes y menos felices que reciben los docentes de sus estudiantes: ¿para qué me sirve aprender esto? En muchas ocasiones, hay que admitirlo, tienen razón. La acumulación de contenidos inconexos y desactualizados puede socavar la mejor de las voluntades. Sin embargo, también es preciso destacar que hay asignaturas que reciben con más frecuencia los cuestionamientos. Y no sólo por parte de los alumnos, sino también de las familias y de una parte importante de la sociedad. Uno de los contrastes más significativos se puede hallar entre informática y las ciencias sociales.

Por supuesto que no es la única, aunque permite reconocer una tendencia muy marcada hacia una forma de concebir y diseñar la educación: que tenga una rápida correspondencia con una actividad lucrativa. Es importante aclarar que realizar un trayecto formativo en una institución para obtener un empleo con mejores condiciones o que se ajuste a las expectativas de cada quien, es absolutamente esperable. La cuestión estriba en qué horizonte cultural que se construiría reduciendo a la técnica todo saber, o lo que sería peor, descartando los saberes que no pueden volverse una técnica.

La tecnología digital parece poseer todas las respuestas pero sólo las ciencias sociales nos ayudan a formular las preguntas que necesitamos, aquellas que nos ayudan a comprender y a problematizar el contexto, la historia, las relaciones y las ideologías que portamos. Se trata de ser críticos no sólo como consumidores y productores de contenido, sino del modo más integro, complejo y potente posible. ¿Cómo podríamos cuestionar un orden dado o imaginar un futuro alternativo sin formulaciones teóricas acerca de la sociedad y sus modos de vinculación? Al respecto, Michel Foucault nos esclarece del siguiente modo: “el pez nunca descubre que vive en el agua. De hecho, porque vive inmerso en ella, su vida transcurre sin advertir su existencia, de igual forma, cuando una conducta es normalizada por un ambiente cultural dominante, se vuelve invisible.”  

Las ciencias sociales tienen una razón de existencia fundamental. Y esta mención no vale sólo para los estudiantes, sino también para docentes, familias, diseñadores de currículums, autoridades estatales y medios de comunicación. Nuestra condición social y cultural no puede apreciarse en toda su diversidad sin las reflexiones, aportes y elucubraciones que se han ido acumulando durante el siglo XX. Es cierto que carecen de una correspondencia fáctica inmediata y que las competencias que puede suscitar no son las más requeridas en el mercado laboral. Deconstruir el sentido común no es una tarea rápida, sencilla ni lucrativa. Pero es la base para el ejercicio pleno de los derechos humanos. La productividad no puede constituirse en el afán único para la realización de los estudios superiores ni todas las competencias deben estar alineadas con aquellas que más solicitan las empresas. Formar un sujeto no es sinónimo de garantizar su empleabilidad. Ni todo conocimiento tiene como único deber solventar una situación procedimental. No podemos resumir nuestra labor a una técnica, o seremos fácilmente reemplazados por algoritmos.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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