Competencias sociales y emocionales en la formación docente. Urgente y necesaria propuesta – Santiago Alvarez

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Desde mi formación docente inicial hasta estos días me encuentro reflexionando por la gran necesidad de empoderar a los futuros docentes en competencias sociales, transversales o genéricas. Ya en el año 1993, la Organización Mundial de la Salud proponía diez habilidades para la vida, las cuales debían incluirse en los curriculum oficiales. Se trata de un guía de la División de Salud Mental de la OMS; desde allí se comenzó a difundir materiales educativos pensados para apoyar, acompañar y promover internacionalmente la educación en HpV (Habilidades para la Vida) en las instituciones educativas. Ahora me pregunto ¿Se están abordando en los planes de estudio de los profesorados? ¿Se trabajan las competencias sociales como un contenido importante, necesario y urgente? ¿Qué lugar ocupan las Habilidades socioemocionales en las clases de formación docente?

Considero totalmente necesario y urgente, el abordaje sistematizado y organizado de este tipo de saber social y experiencial para los/as que se están formando en el desafiante camino de la docencia. Lo cual les permitirá asir herramientas para su crecimiento personal, como así también en sus relaciones interpersonales entre colegas, con los/as estudiantes y con la comunidad educativa. Desde esta perspectiva, sostengo que se trata de una formación de formadores en competencias no técnicas, es decir estas que añaden valor a las tareas, profesiones u oficios, para “aprender de uno mismo”, y convivir con otros. Han alcanzado un renombre en este tiempo, sobre todo desde la revolución digital, en la gestión del talento, y en otras áreas más empresariales, pero no están definidas como “contenido a enseñar” en los programas, planes o proyectos educativos institucionales de los centros de formación superior docente. Se pondera más las competencias técnicas o especificas (también llamadas disciplinares) asociadas a los campos de formación general (pedagogía, didáctica general, problemáticas socioantropológicas en educación, entre otras), específica (relacionadas con las didácticas específicas y las disciplinas de estudio) y práctica profesional docente

Mi propuesta es incorporar como campo de estudio, con basamentos teóricos y ejercicios definidos, las competencias sociales y transversales en la labor docente, la cual involucra no solo la práctica docente, como el marco que estructura la tarea, sino además todas aquellos sentires, decires y haceres cotidianos de quienes enseñan. 

Se trata, entonces, de colocar en relieve que los sujetos del discurso didáctico, los maestros y las maestras, deben ser expertos en la enseñanza de la disciplina que tienen a su cargo, pero mucho más deben ser humildes y reconocedores que para poder generar condiciones didácticas, sociales y emocionales, primero requieren empoderar su ser interior, y esto puede ser posible a través de un aprendizaje profundo y consciente primero con uno mismo, y después con otros. No nos olvidemos que Jacques Delors allá por el año 1993 nos compartía en “La Educación encierra un tesoro” los cuatros pilares para la educación: SABER SER, SABER CONOCER, SABER HACER Y SABER CONVIVIR CON LOS DEMÁS. 

El reto es hoy, consideremos que un docente competente intenta, y persigue la meta de avanzar en estos cuatro principios. 

Alvarez Santiago Marcelo
Profesor de Educación Tecnológica. Especialista en Formación de formadores (CAEP).
Escritor de libros sobre la temática. Docente de nivel primario, secundario y superior.
Capacitador de docentes en Argentina, Perú, Ecuador.

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