Desafíos y recurrencias en la conceptualización de la innovación educativa – Luis Sujatovich

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La conceptualización acerca de la innovación educativa padece algunas recurrencias
que no hacen más que impactar negativamente en su aplicación. Su estrecho vínculo
con las tecnologías es, probablemente, parte del sentido común más legitimado.
Resulta, sin embargo, auspicioso encontrar que algunas discusiones, por ejemplo, el
uso del celular en el nivel medio, ayudan a tensionar estar certezas que parecen
emanadas más del mercado que de las evidencias que se pueden obtener en las
aulas.

Parece que aquello que las teorías más reconocidas, ¿o acaso deberíamos
mencionarlas como hipótesis?, parecen no advertir surgen con fuerza en diversas
opiniones – y el término elegido no es ocioso – de algunos sectores involucrados: si
bien se trata de una discusión no resuelta, es insoslayable que la falta de vínculo entre
ciertas nociones y las circunstancias escolares está quedando en evidencia de la peor
forma: surgen como resultado de reclamos e iniciativas que están muy alejadas a las
líneas y problemas de nuestras investigaciones. De allí que el diagnóstico necesita
reformularse y de forma urgente.

También las metodologías ágiles ofrecen algunas dificultades en su desarrollo, pero no
porque no aplican de forma adecuada sus postulados, sino porque carecen de la
articulación necesaria con los sujetos y su entorno. En la Universidad Internacional de
La Rioja (España), luego de varias investigaciones han llegado a la conclusión que el
aula invertida ofrece un gran obstáculo para su implementación ya que requiere el
compromiso sostenido de las familias, ya sea en nivel primario, secundario o superior,
para acompañar, asistir y contribuir al estudiante, ya sea participando en la resolución
de las actividades, explicando mejor alguna consigna o preparando materiales. En los
niveles superiores también se observa una tendencia semejante, pero con mayor
énfasis en la atención de la familia, las tareas hogareñas y el trabajo. Por lo tanto,
aquello que se estima como innovador puede serlo, pero sin ofrecer el impacto
esperado.

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Las evaluaciones también presentan obstáculos para adecuarse a la innovación,
porque conforma una exigencia ineludible del sistema educativo. Su relación con las
acreditaciones y la gestión transforma a las calificaciones en un asunto tan delicado y
complejo que parece imposible que allí pueda operarse algún cambio, por modesto
que sea. La autoevaluación y la evaluación por pares, si bien poseen muy buenas intenciones, están condicionadas por la responsabilidad que implica. Depositar en los
estudiantes la iniciativa de la innovación parece muy pertinente, pero si antes no se
modifican las normativas y se procede a desmantelar un sistema de promoción que
cifra en las notas toda su valoración, es imposible que algo relevante pueda trascender
la experiencia de un grupo o institución.

El afán por la innovación no debería conducirnos a tomar atajos, a buscar soluciones
prefabricadas, porque es ése el inicio de una trayectoria que acabará en decepción. Si
bastara con algunas transformaciones no sería, por definición, una innovación. Y ésta,
precisa, indefectiblemente, de la participación de todas las subjetividades
involucradas.
La innovación es un proceso que no acepta imposiciones, porque se debe asumir
como una construcción grupal, situada y cambiante que precisa del deseo de todos los
protagonistas.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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