EL ARTE EN LA ESCUELA: UNA OCASIÓN PARA ENRIQUECER LA SUBJETIVIDAD – Luis Sujatovich

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Hay dos tendencias que suelen marcar el derrotero de la enseñanza de las disciplinas artísticas en las escuelas: funcionan como espacio de preparación de los actos, o se concentran en abordar los mismos contenidos mediatizados que los estudiantes ya conocen. 

Es importante destacar que hay entre ambas una diferencia sustancial: no es lo mismo considerarla un mero espacio de taller direccionado, que persigue fines no siempre ligados a los tiempos intrínsecos del área que cuando, con el noble afán de involucrarlos, se insiste en los artistas más reconocidos por ellos. En ambas situaciones se está desperdiciando la enorme posibilidad de ofrecer estéticas, temáticas y contenidos inéditos para la mayoría. Y no se trata, de ninguna manera, de una elección soberana de los profesores, sino más bien de condiciones institucionales muy poco propicias.

A pesar de la pérdida de significación que reporta esta disminución del entramado conceptual que los docentes deben resignar en su labor diaria, afectando así su entusiasmo y las posibilidades de obtener un genuino reconocimiento por su labor, hay otro aspecto que también precisa un señalamiento: ¿qué sucede con quienes no tienen acceso en sus vidas familiares a una oferta cultural que les permita aproximarse a diferentes expresiones, géneros y formatos? Es decir, como mencionan Bourdieu y Passeron en “La reproducción, elementos para una teoría de la enseñanza”  publicado en 1977, qué sucede con quienes no tienen el rango de “herederos del capital cultural”. Es por eso que resulta fundamental que se constituya el aula en un espacio de indagación, de experimentación, y también, por qué no, de ciertas incomodidades. Es esperable que nuevos géneros, obras con otras reglas de narración y sonidos diferentes no susciten, al menos en una primera instancia, un gusto por ellos. Pero serán circunstancias que  los profesores bien sabrán aprovechar esos emergentes para habilitar nuevos escenarios para ahondar y reconfigurar las subjetividades.

Habría que agregar que no debería depositarse sólo en los espacios de arte la responsabilidad de su abordaje educativo. Al respecto, Litwin, en su libro “El oficio de enseñar, condiciones y contextos” editado en 2016, propone que diferentes asignaturas busquen el modo de aproximarse a las artes para lograr aprendizajes más amplios, prolíficos y significativos: “En las clases de historia, al estudiar un período determinado, es significativo reconocer aquello que se creaba o escuchaba. En las clases de geografía, la música de las regiones estudiadas nos permite entender y apreciar las diferentes culturas. En una obra musical pueden reconocerse repeticiones y una estructura que posibilita una interpretación matemática”.  Por lo tanto, se vuelve necesario recuperar una modalidad que desarrolle los procesos de enseñanza y aprendizaje asumiendo que no siempre podrán acomodarse a las preferencias de los alumnos, sin el objetivo de contrariar ni imponer, sino de invitar a conocer creaciones que no tienen el mismo lugar preponderante que las avaladas por la industria cultural contemporánea. Si la escuela no inaugura horizontes de sentido, para crear, reflexionar y referir emociones con libertad y respeto, ¿quién tomará a su cargo la tarea?

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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