¿Innovación educativa o escolar? – Luis Sujatovich

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La innovación educativa debería denominarse escolar, dado que su área de interés es,
definitivamente, la escuela. La elucubración conceptual, por lo tanto, no puede salir de las
aulas, es algo así como su condición de posibilidad, su única referencia, su razón de ser. No
puede negarse que tantos años pensando acerca de la enseñanza y el aprendizaje, han
devenido en múltiples abordajes que requieren extensas investigaciones para dar cuenta de
las más importantes. El interés que suscita es tan significativo como su limitación: aquello que
no constituye la escuela, no supera la condición de contexto.

Las dos dimensiones restantes de la educación (no formal e informal) no tienen entidad
suficiente para validarse como una instancia válida para incluir en una propuesta teórica de la
innovación. Las discusiones suelen plantearse acerca del rol docente, los materiales, las
estrategias de enseñanza y la relación que cada institución es capaz de establecer para
acompañar el proceso sin descuidar sus objetivos. Y a pesar de que la educación siempre es
situada, queda fuera de consideración cualquier relevamiento que implique apreciar el
exterior. ¿Será que cuando se hace referencia al entorno, en realidad el esfuerzo se agota en
mirar dentro de las instituciones?

La primera objeción que podría esgrimirse es que en la sociedad los cambios no pueden
conducirse por un equipo de gestión. Y ello bien podría ser un obstáculo o una oportunidad. Si
las transformaciones culturales, comunicacionales y tecnológicas siguen un derrotero que no
se detiene en los propósitos de nadie en particular, significa que es una fuente inagotable de
alternativas. La innovación de despliega incesantemente en plataformas, pantallas y prácticas
sin precisar una planificación, acontece y se expande. Y en muchas ocasiones en más educativa
de lo que se desearía: ¿o acaso la selfie no nos enseñó a sacar fotos con mayor precisión que
los manuales de fotografía?

La relación distante entre la teoría de la innovación escolar y los consumos culturales
contemporáneos es curiosa: dentro de las escuelas se trata de imaginar escenarios que
favorezcan el aprendizaje y se indaga acerca de cómo se comportan los sujetos frente a los
contenidos que valoran, producen y distribuyen. Y con un pequeño esfuerzo de aproximación a
sus hábitos alcanzaría para saberlo. Pero, es complejo, porque exige una apertura
epistemológica, casi un cambio de paradigma. Admitir que la educación es más prolífica fuera
de las instituciones reclama no sólo honestidad intelectual, sino también la valentía para
impulsar una versión nueva y a la vez incompleta de la escuela: sabemos que así no es sustancial, aunque carecemos de orientaciones para situarla de modo diferente. La crisis de la educación, es sólo la crisis de la escuela. Parecen lo mismo, pero no lo es. Quizás se pueda imaginar a las instituciones como complementos, como espacios de práctica, de acreditación o de consulta. ¿Cuánto de lo que aprenden las nuevas generaciones se lo deben a la escuela, o sólo pueden hallarlo allí?

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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