Juventudes y latencias de participación en la escuela: Atreverse a trazar dispositivos y condiciones de posibilidad – Pablo Oscar Salinas

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Hablar de un concepto tan general y amplio como el de «participación» implica pensar en las múltiples singularidades que asume según el escenario microsocial donde transcurre, según el contexto histórico-político dónde se inscribe el término, según quien/quienes traduzcan su significado, y especialmente, según que/quien defina quiénes pueden participar, en dónde y bajo qué términos y condiciones

En el marco del Proyecto de Extensión «Acompañamiento a Trayectorias Juveniles» perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, nos propusimos (desde el sub-equipo de trabajo «Participación») situarnos en el IPEM 410 de Villa Allende (Córdoba), a fin de acompañar y dinamizar las elecciones estudiantiles del mismo. De esta forma, jóvenes desde el 1er al 5to año del nivel medio votaron a sus delegadxs de cada curso y año.

Pero la particularidad que asumió este proceso electoral tuvo que ver con que su procedimiento adoptó (durante y previamente), básicamente, las mismas características del sistema electoral argentino: hubieron previas conformaciones de listas electorales, alianzas entre compañerxs, decisiones grupales de quiénes debían encabezar la fórmula de delegadx y subdelegadx por curso, quiénes integrarían las comisiones de trabajo en cada lista (cultura, deporte, género); luego vinieron los nombres de las listas, los slogans y los discursos de campaña; y por último, el día de la elección, la fiscalización de las mesas por cursos, el voto en cuarto oscuro y el escrutinio final. Un proceso eminentemente político.

Todo esto promovido y vehiculizado, en primera instancia, por la coordinadora del IPEM Cecilia Ruiz y lxs integrantes del proyecto, y llevado a cabo, con ciertos reparos, tanto por lxs jóvenes que se animaron a asumir el protagonismo estudiantil como por aquellxs no tan entusiasmadxs o poco movilizadxs por el hecho.

En base a esta y tantas otras experiencias concretas de participación juvenil -y a modo de interrogar también a ciertos aparatos discursivos que enarbolan la apatía, el desinterés social y una supuesta «falta de conciencia» como elementos que configuran, casi exclusivamente, «el mundo juvenil»-, surgen preguntas como: ¿Cuáles son los puntos o intersticios de encuentro de las juventudes con los medios y dispositivos disponibles para la enunciación de lo que piensan, viven, desean, sienten y hacen? ¿Se encuentran verdaderamente disponibles y al alcance de la mano dichos medios? Este alcance ¿Se ve condicionado acaso por una desigual distribución de los recursos económicos, simbólicos, culturales y discursivos? ¿Y no serán a veces las instituciones educativas, más que circuitos de acceso a dichos mecanismos de participación, canales de clausura y de restricción del quehacer de lxs pibxs?.

No se está hablando aquí de esencialismos. No se parte de la premisa «contraria» a la recién mencionada desde la cual definiríamos a lxs jóvenes como «participativxs», «entusiastas» y «comprometidxs con su entorno». Ponemos el énfasis en problematizar, tanto los aparatos de enunciación desde donde hablamos «en nombre de» y definimos a las juventudes, como las condiciones materiales de posibilidad de existencia de dispositivos que garanticen una participación genuina de dichas juventudes. Las experiencias vivenciadas dan cuenta de que caminos alternativos (dentro de las vías institucionales tradicionales como la escuela) son posibles.

Pablo Oscar Salinas – Estudiante de Trabajo Social por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Alumno ayudante del equipo de investigación “Jóvenes, educación, trabajo y participación: estratégias y circuitos de acceso que los jóvenes de sectores populares despliegan en contextos y tiempos de restricciones” de la FCS-UNC.

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