En la actualidad, los sistemas educativos están organizados por medio de
instituciones, en sus diferentes niveles y especialidades. Los intereses son diversos,
las políticas educativas y los aspectos contextuales en su gran mayoría comparten
algo en común : la base de los planes de estudio es estandarizada, post revolución
industrial y consecuentemente, desajustada a nuestro contemporáneo.
Un planteo frecuente por parte de los estudiantes, sobre todo, en las últimas
instancias de la escuela secundaria, es si se los está preparando para la vida fuera del
colegio. Ocurre que no somos ajenos a vivenciar, que la aplicación de algunos
conocimientos no es directa o visible fuera de los cuadernos, las evaluaciones o los
trabajos «prácticos».
Es por ello, que como docentes, reflexionamos en paralelo a nuestra práctica: ¿Qué
podemos hacer para aportar a proyectos de vida tan diversos?
Desde el pequeño espacio de una asignatura, en contraste con la cantidad de
estudiantes por aula, sabemos la dificultad de aportar a intereses tan diversos, en el
corto tiempo y en paralelo a los contenidos que debemos dar. Sumado a esto,
entendemos la complejidad del entramado del sistema educativo que prioriza el
equilibrio de nivel y no la particularidad de cada potencial estudiante. Aún así,
confiamos y decidimos hacer todo lo posible por combinar aquellos saberes
específicos de los espacios curriculares, y las destrezas, aptitudes y competencias
socioemocionales que los/as mismos/as estudiantes necesitarán en un momento tan
crítico como construir su proyecto de vida.
Asumimos que la escuela, necesita renovarse desde los planes de estudio como en
aquellas estrategias de conocimiento que le permitan al estudiantado comenzar a
diseñar su idea de futuro con herramientas funcionales y potenciales a sus
expectativas e intereses. Pero a su vez, debemos, los docentes, ser comprometidos y
responsables para acompañar las primeras decisiones, y brindar los “andamiajes”
necesarios. Sobre todo, los jóvenes necesitan reconocer que construir un proyecto es
un proceso, y que como tal es flexible, cambiante y puede ajustarse de manera
progresiva, hasta que logra su equilibrio.
Ahora bien, ¿Cómo podemos los docentes propiciar espacios nutritivos para los
estudiantes? Podemos hacerlo, desde microdecisiones en nuestras clases, hasta en
acciones minúsculas que asocien su contenido disciplinar con las aspiraciones de
ellos. Es decir, “colocar sobre la mesa” un serie de herramientas que les sirvan en sus
elecciones, intereses, preferencias y talentos.
La simulación de un proyecto cualquiera, también es una estrategia didáctica que les
proporcionará las bases para conocer e inmiscuirse en los tiempos necesarios para
afrontar el desafío. Las experiencias concretas, les permitirá involucrarse y
responsabilizarse para lograr objetivos propuestos, y así avizorar cómo es avanzar en
su plan de vida.
La propuesta, hasta aquí, es situar nuestras intervenciones de enseñanza con “miras
al futuro”. De allí, nuestros estudiantes apoyándose en su presente, pueden comenzar
a “ir hacia delante” con ciertas herramientas para ir armando su equipaje para la vida.
No nos olvidemos, que no solo se trata de seguir una carrera superior, sino además
poder decidir, y manejar la incertidumbre que genera la propia realidad. ¿Podrá la
escuela marcar un nuevo rumbo en esta grandiosa tarea de acompañar vidas?
Rojas Mariano Ignacio: Diseñador Industrial, Escritor, Poeta, Docente Universitario. Conferencista e impulsor de proyectos de vida.
Alvarez Santiago Marcelo. Profesor de Educación Tecnológica. Especialista en Formación de formadores
(CAEP). Escritor de libros sobre la temática. Docente de nivel primario, secundario y
superior. Capacitador de docentes en Argentina, Perú, Ecuador y México.