La comunidad de la Escuela N°12 de la localidad platense de Gonnet, junto a familiares de Horacio Úngaro, uno de los estudiantes secuestrados y asesinados durante la última dictadura cívico-militar en el hecho conocido como La Noche de los Lápices, reclamaron que se restituya al colegio el nombre del adolescente que había sido elegido por unanimidad, en el 2006, en homenaje a su lucha estudiantil.
La escuela, en el 2006, por decisión de la comunidad se decidió que llevaría el nombre de Horacio Angel Úngaro, lo que en ese momento fue avalado por resolución de la Dirección General de Educación y Cultura bonaerense, firmada Adriana Puigross, la titular de la cartera provincial de ese momento.
En la resolución se tuvo en cuenta que Horacio había sido alumno del establecimiento y se destacó «su conciencia crítica que lo llevó a sostener una activa militancia en pos de una sociedad justa y solidaria».
También se consideró que la imposición de su nombre a un establecimiento escolar suponía mantener viva «la memoria de hechos que enlutaron el corazón de todo el país, memoria viva que impedirá su repetición».
En el año 2015, la escuela modificó su estructura, en el marco de cambios en el nivel medio impuestos por el Gobierno provincial, y la escuela perdió su nombre pasando a llamarse «Manuel B. Gonnet», quien fuera exministro de obras públicas bonaerense de 1884 y diera nombre a esa localidad.
Ahora, la comunidad educativa de la escuela 12 reclamó por nota a la Dirección General de Educación y Cultura bonaerense, que se le restituya el nombre de uno de los estudiantes secundarios secuestrado y desaparecido el 16 de septiembre de 1976, lo que también es avalado por el resto de la comunidad, por el gremio docente de Suteba y por familiares del adolescente desaparecido.
Marta Ungaro, hermana de Horacio, recordó que el joven de 17 años «estaba terminando la escuela secundaria y quería estudiar Medicina; era extremadamente lector, estaba desde chico en el Club Estudiantes de La Plata y era muy comprometido con lo social, tenía la sensibilidad de la militancia de buscar un mundo mejor».
«Él iba caminando al colegio, no necesitaba el boleto estudiantil, lo mismo María Claudia Falcone (otra de las estudiantes desaparecidas en esa jornada), que vivía a media cuadra, pero lucharon por un boleto para todos y eso es lo importante, la solidaridad que ellos encarnan y que es importante que los jóvenes la sientan y la interpreten», destacó.
Consideró que el colegio lleve el nombre de su hermano, como se había elegido en el 2006, «es honrar a los hombres, niños, adolescentes que marcaron la historia, a quienes les fue quitada la vida por sus ideales, ideales que no están cumplidos».
«Los lápices siguen escribiendo ´Memoria, verdad y justicia´ y son ellos los jóvenes estudiantes secundarios los que sostienen esos lápices», dijo la mujer al reclamar que se restituya a la Escuela número 12 el nombre de su hermano.
La noche del 16 de septiembre de 1976 las fuerzas represivas secuestraron a Horacio Ungaro junto a un amigo que se había quedado a dormir en su casa: Daniel Alberto Racero.
Además de Horacio y Daniel, fueron secuestrados Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner; en tanto el 17 de septiembre los represores apresaron a Emilce Moler y Patricia Miranda y cuatro días después fue detenido Pablo Díaz, pero una semana antes habían secuestrado al estudiante Gustavo Calotti. Todos fueron conducidos al centro clandestino de detención Arana, donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield.
Moler, Díaz, Miranda y Calotti recuperaron la libertad, en tanto los seis restantes, permanecen desaparecidos.
Nora Ungaro, hermana de Marta y Horacio, también fue secuestrada, 15 días después que su hermano, y liberada 20 días después tras ser alojada en el centro clandestino de Arana y el Pozo de Quilmes. AP