La reducción de contenidos: un conveniente debate educativo para la pospandemia – Luis Sujatovich

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La cantidad de contenidos abordados en la escuela primaria y en la secundaria constituyen una oportunidad para acendrar las competencias mínimas de cada nivel o, por el contrario, conforman un obstáculo. La tan ansiada mejora educativa vendrá como resultado de un aumento de contenidos (que en algunas ocasiones funge como un reemplazo de campos de conocimiento, por ejemplo la robótica, la educación emocional y la ecología) o con su drástica disminución.  No es una opción evitar cualquier cambio dado que los resultados obtenidos (aún antes de la pandemia) exigen una revisión a corto plazo, es decir una vez que la emergencia sanitaria mundial haya finalizado.  Parece una obviedad su mención, pero no lo es tanto. Sería una gran pérdida de tiempo que durante los próximos años se postergara el debate para atender las necesidades heredadas de la excepcionalidad sufrida.

La disputa acerca de las asignaturas probablemente deba atender dos frentes en simultáneo: cuáles deberían mantenerse y qué criterios se emplearían para fundamentar su permanencia. No se trata, por supuesto, de regresar a las categorías medievales expresadas en el trívium y quadrivium ni de hurgar en cualquier otra experiencia del pasado la soluciones que anhelamos para el futuro, porque estaríamos cometiendo una grosera equivocación propia de una sociedad reaccionaria. Sin embargo, estamos ante una situación que exige valentía y mucha imaginación: «Inventamos o erramos» como alguna vez dijo el maestro de Bolívar, Simón Rodríguez.

El paradigma elaborado en torno a las competencias puede resultar un aliado fundamental para recomponer las dinámicas escolares y a la vez para organizar mejor el curriculum. Quizás si se llegara a un acuerdo acerca de las que se deben priorizar (según los niveles, modalidades y contextos), las estrategias necesarias para su abordaje y las formas de evaluación, estaríamos ante una nueva coincidencia. La primera sería la necesidad de un cambio.  Al respecto, Alejandro Piscitelli  en un encuentro organizado en Madrid por la Universidad Camilo José Cela en octubre de este año, sostuvo que  “el 80% del currículum sobra”. Es, sin dudas, una afirmación que busca suscitar una polémica porque la cifra responde más a un criterio sensacionalista que pedagógico. No obstante ello, urge advertir que la proliferación de espacios superpuestos en la mayoría de los documentos curriculares no ha resuelto ninguno de los dilemas que nos agobian. En consecuencia, a pesar de su exceso propagandístico, habilita una relación a considerar: ¿se aprenderá mejor si se abordan menos temas?  

Por supuesto que un interrogante tan ambiguo, difuso e  impreciso no admite una respuesta unívoca. Pero eso no debería consistir en un problema, teniendo en cuenta que en educación, ninguna pregunta debería aceptar una contestación prefabricada.

La disminución de contenidos es una alternativa que merece una atención reflexiva de los especialistas, los docentes y las autoridades. Por supuesto que ninguna idea, aún aquella que ofrezca mayores éxitos, podrá resolver todas las necesidades que afectan al sistema educativo. Pero si eso nos lleva a la inmovilidad, de nada habrá servido ninguna de nuestras intervenciones, porque los problemas seguirán igual, o acaso todavía peor.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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