LAS INSTANCIAS SINCRÓNICAS: UNA OPORTUNIDAD PARA RECUPERAR LA DIMENSIÓN GRUPAL DEL APRENDIZAJE – Luis Sujatovich

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Las instancias sincrónicas conforman una oportunidad muy importante para recuperar la dimensión grupal del aprendizaje en las modalidades híbridas o en línea. La tendencia general está signada por una  búsqueda de la gratificación de forma individual, que suele resumirse en la aprobación con una calificación lo más alta posible. De esa forma, no sólo se empobrecen las dimensiones sociales, culturales y empática del acto educativo sino que además, se acaba reformulando el concepto y se considera que estudiar es leer o revisar materiales para aprobar, sin que haya lugar para otro. En la teoría, nadie aceptaría que el conocimiento puede desplegarse en la individualidad, sin embargo cada vez resulta más complejo suscitar el deseo de participar de un encuentro, aún si es virtual. Los rituales ligados a la interrumpida comunicación en las reuniones, ya sea por las cámaras apagadas o por la ausencia de una palabra para comprobar que están detrás de la foro o de la pantalla oscura, también debería considerarse como una estrategia que prioriza el interés propio por encima del proceso grupal. Es decir, el sujeto va en busca de un interés que comparte con lo demás pero sólo por una coincidencia externa, dado que no se forja una trama que los ligue más allá de una inquietud a priori que por azar los juntó en una misma cursada. Pero, una vez que esa situación se da por asumida, no se refuerza en absoluto. Cada quien se conecta buscando su beneficio y por eso no hay interés por involucrarse: se puede obtener lo necesario asistiendo, no hace falta intervenir. O al menos, basta con esa presencia para cumplir con los requisitos formales de aprobación. Y acaso podríamos hallar en esa predisposición un posicionamiento político-pedagógico: si para aprender es necesario estrechar un vínculo con los demás, antes de emprender ese esforzado viaje hacia lo desconocido, es preferible optar por la calificación que me garantice la continuidad hacia el logro final, que es la acreditación definitiva. La expectativa del consumo en soledad ha permeado a la educación  de forma contundente, ¿o acaso una tarea en grupo no genera más quejas que una individual? En los foros virtuales también es sencillo advertir esa inclinación, la consigna es respondida por cada uno de los cursantes, pero si no se explicita que deban comentar o ampliar el aporte de un compañero, muy probablemente nadie lo hará. En las wikis sucede algo semejante: si no se establece que la tarea debe ser colaborativa, no lo es. Eso nos indica que estamos atravesado por una subjetividad que  prefiere las acciones en singular.  Es por eso que deberíamos indagar si ese comportamiento no responde a una decisión política, que dentro de las aulas se manifiesta clausurando todos los sentidos colectivos. Renegar de los sincrónicos o abreviar la asistencia a su mínima expresión (sin cámara, ni micrófono ni chat) propone un modelo inhóspito para cualquier iniciativa colectiva. Cada vez que negamos una contribución a una actividad, o que optamos por dejar que hable en soledad la docente, acendramos el egoísmo. ¿Seremos capaces, al menos, de aceptarlo?

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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