LOS DOCENTES SOMOS EXPERTOS EN DIAGNÓSTICOS – Luis Sujatovich

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Los docentes nos estamos haciendo expertos en diagnósticos. Basta leer los libros que se han publicado los últimos años para advertirlo. Abundan las invocaciones al cambio para adaptarse a las nuevas formas culturales y así renovar la escuela, sin atenerse a indicar de qué forma habría que avanzar para lograr el objetivo. La cantidad de textos que versan sobre el mismo tópico es notable, ¿acaso necesitamos que se nos insista al respecto? Tal vez, aunque es preciso reconocer que no es un asunto que pueda solventarse sin la participación de los demás involucrados. En consecuencia, se podría aceptar que hacen falta todavía algunos refuerzos en relación al impulso que la transformación educativa precisa para lograr adecuarse al contexto actual y estar en condiciones de responder con solvencia a los que el futuro le deparará.

Sin embargo, la persistencia de textos que se solazan en la descripción de las defectuosas condiciones que padece el sistema educativo y que consideran que ofrecen un aporte por elucubrar extensos y minuciosos relatos acerca de los motivos que nos han traído hasta esta prolongada crisis, quizás responda más a una imposibilidad de postular acciones concretas que a una opción por la teoría por parte de la mayoría de las y los autores. Estamos de acuerdo que es más sencillo señalar que tenemos graves deficiencias que postular qué deberíamos hacer para revertir la situación. Sucede que la repetición no sólo no trae soluciones sino que provoca dos reacciones negativas, ya que pondera sólo las dificultades y hace de ella su razón de existencia en tanto sujetos que hacen teoría en educación, y  además pone a quien lee  como alguien que no es capaz de reconocer qué sucede a su alrededor. Y,  ¡por supuesto que se conocen cada uno de los inconvenientes  que se generan en las aulas! Vaya novedad decirle a una profesora que sus estudiantes están desinteresados por los clases. Excepto que supongan que sus formulaciones están dirigidas a un público que se interesa por la educación pero que no tiene ninguna relación con el campo educativo y por eso es necesario insistir en las descripciones. Sería interesante aprovechar una feria del libro o una presentación para preguntarles a quién eligen como destinatarios de sus obras, tal vez no llevemos una sorpresa. O una decepción. Pero si sus destinatarios son las y los docentes, bien pueden ir juntando sus largos discursos y tratar de convertirlos en propuestas que ayuden a avanzar, porque nadie necesita que le recuerden los obstáculos. Cada docente los experimenta a diario, ¿y quienes producen libros anualmente, también tienen esa práctica cotidiana? Nadie necesita saber qué pasó con la escuela, sino qué va a pasar. O mejor dicho, cómo deberíamos desempeñarnos para que los peores pronósticos no se cumplan. Lo demás es literatura sin arte, o historia sin método ni fuentes.

La publicación se ha vuelto un fin en sí mismo, una forma primitiva de simular un ejercicio teórico, sin disponer de teorías. La recursividad se asume sin sutilezas. Se producen más libros que ideas y entonces se abusa  del pasado. Ir en otra dirección supone asumir un rigor tan necesario como infrecuente.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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