Los materiales educativos y la subjetividad docente – Luis Sujatovich

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¿Un material educativo sirve por las reflexiones que suscita o por el interés que debe
despertar por sus cualidades? En consecuencia, ¿es un medio o un fin? Porque suele suceder
que ambas nociones se confundan y se suponga que determinado material debe generar un
interés y si no lo hace, es porque los estudiantes no están atentos o no saben apreciar lo que
realmente es importante.

La cuestión es por demás evidente: que tenga sentido para la docente no implica nada más
que eso. Descentrar la propia subjetividad para abordar la enseñanza es sustancial, pero poco
frecuente. Y se advierte cada vez que se hace una elección que acaba en frustración: no hay
coincidencias (ni debe haberlas) en los gustos e intereses entre generaciones. Y, por lo tanto,
ante esa situación inexorable, se persiste en poner primero el valor del objeto que aquellas
situaciones de aprendizaje que se pretenden suscitar.

Si el material nos gusta mucho, y por eso lo seleccionamos, es que nos interesa más que se
aproximen a nuestras preferencias que logren algo que les resulte significativo al grupo. Por
ejemplo, tenemos que dialogar acerca de la problemática ambiental, y optamos por un
documental (preferentemente de una institución marcadamente educativa) cuya duración no
es menor a la media hora. Y si a los diez minutos la mayoría ya no presta atención, ¿cuál es el
problema, según el típico diagnóstico docente? Por supuesto, los estudiantes que no prestan
atención. ¿O acaso son indiferentes a aquello que a mí me provoca interés?

La pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué sucedería si el grupo eligiera el material? Es
muy probable que no nos guste. Y entonces nos aburriríamos y no sacaríamos más
conclusiones que las que ya teníamos: aquello que nos interesa y conmueve es mejor, por lo
tanto, sólo debo comportarme y esperar que culmine la clase para pasar este mal momento.

El objeto no es más importante que el contenido, por lo tanto, tiene poca relevancia de qué
modo lo conceptualizamos, sino más bien para qué podría servirnos. La clase, por cierto, no es
un espacio para que cada docente demuestre sus saberes enciclopédicos o demuestre su
profunda sensibilidad artística, está allí para ayudar a sus estudiantes a pensar, sentir y
apropiarse de algunos contenidos y competencias. Hay docentes que invalidan una discusión
sobre geopolítica suscitada a raíz del mundial, porque les interesas más exponer su
indiferencia por ese deporte. La sociedad no le otorgó ese rol para que aburra con sus
preferencias, ¿no es cierto? Si el tema no le agrada, pero habilita discusiones pertinentes, ¿es necesario señalar que debe aprovechar esa circunstancia? O, mejor dicho, que está obligado a
hacerlo.
Los materiales educativos no son un fin en sí mismos, sino un medio para favorecer el
aprendizaje. Igual que la docencia y que su subjetividad: presumirse más importante que el
grupo es el primer paso para entregarse a la soberbia. Y nadie debería estar por encima de sus
obligaciones.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

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