Para dar clases en la universidad no hace falta ser docente – Luis Sujatovich

Anuncios
Logo Inteligencia Natural

La docencia universitaria no es una actividad complementaria, ni un modo de adquirir prestigio profesional: es una labor que posee valor propio. En el aula es tan importante la trayectoria como la formación docente, aunque una se esgrima con orgullo  y la otra no sea tan frecuente. A diferencia de los demás niveles educativos que exigen una titulación específica para ejercer la docencia, en la universidad basta con tener ganas, los estudios completos y buena dicción.

Esta tendencia conservadora, pues legitima el saber no pedagógico como el único que tiene relevancia, no sólo se revela en los mecanismos institucionales que avalan los concursos, sino también en la escasa innovación que desarrollan, tanto en grado como en posgrado. Si la pedagogía se resume a enseñarles lo que sé y la didáctica a ser preciso en mis explicaciones, sólo hace falta tener experiencia y querer compartirla. ¿O acaso las clases no son – fundamentalmente – un monólogo o un diálogo simulado entre el letrado y el lego?

Es preciso destacar que no todas las clases son idénticas y que hay quienes se toman el trabajo de realizar un profesorado, sin embargo no es una obligación. También hay posgrados y capacitaciones pero no pueden librarse de las condiciones generales de los estudios optativos: sólo son elegidos por una minoría.

¿Cuántas veces han oído a alguien decir que su pretensión es desempeñarse como docente universitario? En ciertas ocasiones, cuando se elige la “carrera académica” se la acepta como una parte inherente, pero en pocas ocasiones constituye la ocupación más deseada. Se suele preferir investigar, publicar, disertar, que enseñar. Y así arribamos al problema de la cenicienta de la educación: nadie la elige como primera opción. O es subsidiaria de un prestigio que se busca validar asociando el nombre a una universidad, o es el resultado menos deseado de una contraprestación, de una beca, o de cualquier otro estímulo.

La cuestión no se resuelve con un llamamiento a la vocación,  ni suponiendo que las nuevas generaciones cambiarán el modelo educativo sólo por sus ganas de hacerlo.   La primera respuesta debería brindarla la CONEAU, ¿no es cierto? Ya que sería muy interesante saber los motivos que esgrimen para no solicitar ningún trayecto pedagógico. También sería muy revelador conocer la opinión de las autoridades universitarias, quizás tampoco tengan un motivo esclarecedor. A veces las rutinas en las instituciones educativas tienen más fuerza que el sentido común.

Por último, cabría interrogarse por el sentido que le otorgan los estudiantes a las clases expositivas, con ciertas remembranzas autoritarias y sin más tecnología que una presentación con filminas digitales. En Argentina sólo tres de cada diez ingresantes concluyen la carrera. Por supuesto que ese déficit responde a múltiples motivos. ¿Qué lugar ocupará entre las causas de abandono la  persistencia de un modelo pedagógico bancario, como nos enseñó Freire? Acaso sea la correspondencia lógica: si pocos quieren ser enseñar, no muchos quieren aprender. Al menos, en esas condiciones.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

Compartilo en tus redes sociales