Se nos asoma un nuevo año, con muchos desafíos, cambios sociopolíticos
vertiginosos, y mi pregunta es: ¿Cuál es la agenda educativa para el año 2024? ¿Cuál
es el horizonte decisivo de la política pedagógica-curricular? ¿Hacia dónde se orienta
la propuesta educativa nacional? Son algunas de las inquietudes que vengo
reflexionando en estos días, y con ello me atrevo a dar algunas pistas, o más bien
algunas opiniones propositivas que pueden abordarse en los escenarios educativos en
vistas a un nuevo ciclo escolar.
Digo que son propuestas, porque las pienso como alternativas o posibilidades para
incorporar en los métodos de enseñanza, enfatizando en una educación global,
disruptiva e integral. Es global por que la miro desde la perspectiva fuera de los límites
locales, dando amplitud a otros espacios, otras culturas, otras cosmovisiones, y es
decir de manera multifacética. Disruptiva por qué “rompe” con la lógica tradicionalista y
convencional de enseñar. Otros métodos, otros marcos poco habituales, con
paréntesis didácticos en su interior, donde se profundicen otros saberes: sociales,
experienciales, digitales y emocionales.
Integral, donde aborde al sujeto humano atravesado por múltiples visiones, desde la
sustentabilidad, la construcción de vínculos, la inteligencia intra e interpersonal, entre
otras cuestiones. El trabajo por medio del curriculum integrado, y salirnos del
curriculum de colección (abordar los espacios curriculares como compartimentos
estancos), tal como plantea Bernstein (1975).
Quiero brindarles algunas consideraciones para comenzar a delinear el ciclo educativo
que está por comenzar, tomando como eje aportes de mi libro Enseñanza Disruptiva
(2023) editado en septiembre. Les propongo a las autoridades que toman decisiones
macro-curriculares que consideren estas ideas, y a su vez a los docentes que
construyen sus intervenciones, que puedan reflexionar también con ellas:
- Las metodologías activas en y para la enseñanza, como el Aprendizaje Basado
en Casos (ABAC), el Aprendizaje Servicio- Solidario (AySS), el Aprendizaje
Basado en Problemas, el Aprendizaje Basado en Indagación, entre otros. - Planificaciones didácticas que se centren en el sujeto humano, con sus
aspectos sociales y emocionales: la gestión del talento humano, la mentalidad
de crecimiento, la educación emocional, las estructuras liberadoras. - Afrontar el desafío de combinar los medios digitales en las decisiones
didácticas a través de modalidades de enseñanza como lo son: e-learning, b-
learning, m-learning, y el microlearning (o cápsulas audiovisuales). - El trabajo con el pensamiento divergente o lateral, convergente, las
metodologías ágiles, pensamiento computacional y el aula invertida. - Analizar la posibilidad de incluir salas de escape en nuestras clases, establecer
programas que oriente a los estudiantes al pensamiento de diseño, el abordaje
de los entornos VUCA y BANI.
Podemos pensar estos marcos como referencia para combinar en nuestros escenarios
tanto los saberes específicos de cada disciplina, como aquellos saberes que nacen de
la cotidianeidad, la experiencia y de aquellos conocimientos previos que construyen
los estudiantes en sus entornos más próximos. Considero que, la agenda educativa
para el año 2024 debería revisarse a luz de las necesidades concretas de la sociedad
postglobalizaba que estamos viviendo, dando lugar no solo a los saberes legítimos
prescriptos, sino además abrir el juego a nuevos saberes, y nuevas formas de
conocer.
Alvarez Santiago Marcelo
Profesor de Educación Tecnológica. Especialista en Formación de formadores.
Escritor de libros sobre la temática. Docente de nivel primario, secundario y superior.
Capacitador de docentes en Argentina, Perú, Ecuador y México.