¿Puede un glosario favorecer la innovación educativa? – Luis Sujatovich

Anuncios
Logo Inteligencia Natural

La loable inquietud por brindar herramientas conceptuales para abordar la innovación
debe ser siempre muy valorada, ya que se trata de un esfuerzo que se realiza de un
modo desinteresado y con fines científicos. Centros de investigación, equipos
interdisciplinarios y diversos organismos internacionales suelen producir, cada año,
múltiples materiales muy bien elaborados. Sin embargo, hay una particularidad que
evidencia la trama cultural en la que los protagonistas están involucrados: en la
mayoría de las aportaciones se trata de textos que están elaborados bajo las reglas de
la escritura académica.

Y es allí cuando surge la primera problemática, tomemos por caso, el Glosario de
Innovación Educativa, producido por la Universidad Autónoma de México, en 2022.
Nadie puede negar que es un recurso muy valioso, bien estructurado y con una
actualización disciplinar digna de resaltar. Aunque el primer interrogante que surge es,
¿quiénes consultan un glosario? Se supone que, si alguien busca innovar, debería
asomarse a los consumos culturales y a las prácticas que se desarrollan en la red, ¿no
es cierto?
La huella de la cultura letrada es, sin dudas, tan evidente que no permite – en la
educación superior – que no parecen existir alternativas por fuera de los géneros
discursivos que le dieron origen y sustento a la universidad.

Se podría argumentar que esos materiales se producen para que otros equipos de
investigación puedan encontrar fuentes fiables para sus marcos teóricos, lo cual es
cierto, pero entonces debemos discernir entre el anhelo por innovar y la labor de
documentar (bajo las reglas tradicionales) aquellos términos y experiencias que se van
suscitando en diferentes ámbitos educativos, con especial atención a los formales.
Aquí cabría recordar que no es lo mismo hacer historia del arte que ser artista. Pero,
aún suponiendo que el afán que los impulsa se resume a la documentación, también
se podría señalar que la vinculación entre la forma y el contenido tiene importancia:
abordar la innovación desde el texto formal (y exclusivo, dado que no es un recurso
accesible a la comunidad en su conjunto), es además de una afirmación de la
necesidad de sostener las formas de comunicación de los siglos pretéritos, un modo
de soslayar las oportunidades que la digitalización ofrece.

Anuncios
Logo Inteligencia Natural

No se puede considerar que el glosario tenga intenciones innovadoras, ya que por
definición no podría lograrlo: ¿o acaso es posible suponer que a las nuevas
generaciones les va a parecer una práctica transformadora abordar un texto así?
Seguro que para los docentes tampoco lo es. Cuesta admitir que la letra impresa ya no
es dominante, quizás no tanto por su valor objetivo, sino porque es el campo en el que
nos desempeñamos desde niños.

Acaso sólo estemos defendiendo nuestra subjetividad. Por eso fluctuamos entre la
innovación tecnológica (como un fin en sí mismo) y la persistencia en la cultura
letrada. No hallamos otras estrategias para aproximarnos a la innovación, acaso
porque se trata de una noción que carece de referentes objetivos, es decir,
universales. Y entonces arropamos nuestra menesterosidad con los objetos que
tenemos a nuestro alcance. Innovar exige aceptar la incertidumbre y para lograrlo, no
hay equipo ni glosario que nos ayude.

Luis Sujatovich, Prof. y Dr. en Comunicación Social

Compartilo en tus redes sociales