Aunque millones de estudiantes logran decodificar palabras, los datos nacionales e internacionales advierten sobre un problema más profundo: las dificultades para comprender, interpretar y construir sentido a partir de los textos. Especialistas, organismos internacionales y universidades coinciden en que la alfabetización hoy exige mucho más que saber leer.
En Argentina, el problema de la comprensión lectora se consolida como uno de los principales desafíos del sistema educativo. Según datos difundidos por UNICEF a partir de la evaluación Aprender 2023, el 34% de los estudiantes de 6° grado no alcanza niveles satisfactorios de comprensión lectora, y dentro de ese grupo, una proporción significativa se ubica en los niveles más bajos de desempeño.
El diagnóstico no es aislado. Un informe conjunto de UNESCO y UNICEF advierte que uno de cada tres estudiantes que ingresa a la escuela secundaria presenta dificultades importantes para comprender textos, lo que impacta directamente en su trayectoria educativa. Allí se plantea, además, que se trata de “un problema del que se habla poco”, en comparación con otros debates educativos más visibles.
De aprender a leer… a entender lo que se lee
Los datos obligan a correr el eje: ya no alcanza con que los estudiantes “sepan leer” en términos de decodificación. El verdadero desafío está en comprender, interpretar, inferir y reflexionar sobre lo leído.
En esta línea, la OCDE, responsable de las pruebas PISA, define la competencia lectora como la capacidad de comprender, usar y reflexionar sobre textos escritos para alcanzar objetivos personales y participar en la sociedad. Sin embargo, en América Latina más de la mitad de los estudiantes no alcanza niveles básicos en esta habilidad.
Desde la perspectiva regional, la UNESCO —a través del estudio ERCE— también señala que los aprendizajes en lectura no han mostrado mejoras significativas en la última década, y que la evaluación ya no se limita a la comprensión literal, sino que incluye niveles inferenciales y críticos.
Qué dicen las universidades nacionales
El problema también es abordado por las universidades públicas, que vienen investigando la comprensión lectora como un fenómeno complejo y multidimensional.
En la Universidad Nacional de La Plata, investigaciones centradas en el nivel secundario advierten que existe una brecha entre las propuestas de enseñanza y las capacidades reales de los estudiantes para interpretar textos. Los estudios analizan no solo la lectura de palabras, sino también la comprensión de oraciones y textos completos, evidenciando que las dificultades aparecen en los niveles más profundos del procesamiento del lenguaje.
Por su parte, en la Universidad de Buenos Aires, la especialista Valeria Abusamra trabaja sobre los procesos de comprensión desde la psicolingüística, destacando que leer implica construir significado, establecer relaciones y organizar la información, más allá de la simple decodificación.
Estas miradas coinciden en un punto clave: la comprensión lectora no es una habilidad automática, sino que requiere enseñanza sistemática, estrategias específicas y acompañamiento sostenido.
Un problema que impacta en toda la trayectoria educativa
Las dificultades en la comprensión lectora no se limitan al área de Lengua. Por el contrario, atraviesan todas las materias: desde Ciencias Sociales hasta Matemática, donde interpretar consignas y resolver problemas depende en gran medida de la capacidad de comprender textos.
Esto explica por qué muchos estudiantes, aun habiendo aprendido a leer en los primeros años de escolaridad, encuentran obstáculos al avanzar en su trayectoria educativa, especialmente en el pasaje de la primaria a la secundaria.
Además, el problema se profundiza en contextos de desigualdad, donde las oportunidades de acceso a prácticas de lectura, acompañamiento familiar y recursos educativos son más limitadas.
Una agenda pendiente: enseñar a comprender
Frente a este escenario, especialistas y organismos coinciden en la necesidad de fortalecer políticas educativas centradas en la comprensión lectora como eje transversal.
Esto implica:
- trabajar la lectura en todas las áreas del conocimiento
- enseñar estrategias de comprensión (anticipación, inferencia, síntesis)
- promover el contacto frecuente con textos diversos
- formar a los docentes en didácticas específicas de la lectura
Pero también supone un cambio de enfoque: dejar de pensar la alfabetización como una meta alcanzada en los primeros años y asumirla como un proceso continuo a lo largo de toda la escolaridad.
Una mirada propositiva
Lejos de ser un problema sin salida, la evidencia muestra que la comprensión lectora puede mejorar cuando se convierte en una prioridad pedagógica sostenida en el tiempo.
Experiencias en distintas jurisdicciones, así como programas impulsados por organismos internacionales y universidades, demuestran que cuando la enseñanza de la lectura se aborda de manera integral, con estrategias claras y seguimiento continuo, los aprendizajes mejoran.
En ese sentido, el desafío no es menor, pero tampoco imposible: se trata de redefinir qué entendemos por “saber leer” en la escuela hoy y de construir políticas que acompañen a docentes y estudiantes en ese proceso. Porque, en definitiva, leer no alcanza: comprender es la verdadera puerta de entrada al conocimiento.