La conmemoración por los 50 años del último golpe de Estado encontró a la comunidad educativa movilizada en todo el país, en una jornada marcada por la participación masiva y el compromiso con la defensa de los derechos humanos.
Desde las universidades públicas, agrupadas en el ámbito del Consejo Interuniversitario Nacional, se impulsaron actividades académicas, clases abiertas, intervenciones culturales y convocatorias a marchar, reafirmando el rol de la educación superior en la construcción de memoria colectiva.
A su vez, gremios docentes como CTERA y organizaciones universitarias acompañaron las movilizaciones, señalando la importancia de sostener una educación comprometida con los valores democráticos y el respeto por los derechos humanos.
En distintos puntos del país, también se sumaron escuelas secundarias, institutos de formación docente y colegios emblemáticos, cuyos estudiantes participaron de actos, producciones pedagógicas y marchas junto a sus docentes, consolidando el trabajo de la memoria como parte del proceso educativo.
La jornada contó además con la presencia y el acompañamiento de organismos históricos de derechos humanos como Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo, con quienes el sistema educativo mantiene un vínculo sostenido a través de proyectos pedagógicos, visitas institucionales y acciones de transmisión intergeneracional de la memoria.
En ese marco, una de las consignas que cobró fuerza fue la campaña “Florecerán pañuelos”, impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo. La propuesta invita a intervenir pañuelos blancos con frases, nombres, símbolos, flores, dibujos o bordados, para convertirlos en una expresión colectiva de memoria y llevarlos a las plazas, a las escuelas y a las universidades.
La iniciativa también fue pensada como herramienta pedagógica para trabajar en aulas, profesorados, clubes y espacios comunitarios, reforzando el vínculo entre memoria, educación y participación. Bajo esa consigna, la presencia de los pañuelos volvió a condensar una idea central de la jornada: que la memoria no se hereda de manera pasiva, sino que se construye, se enseña y se multiplica.
En ese sentido, la consigna “Nunca Más” volvió a ocupar un lugar central, no solo como recordatorio histórico, sino como una construcción activa que atraviesa las prácticas pedagógicas, las políticas educativas y la vida institucional de las escuelas y universidades.
La participación de la comunidad educativa en esta fecha reafirma el rol de la educación como herramienta fundamental para la construcción de ciudadanía, la defensa de la democracia y la garantía de los derechos humanos.
Así, el Nunca Más no aparece solo como una consigna del pasado, sino como una práctica viva que se expresa en cada aula, en cada estudiante y en cada comunidad educativa que decide sostener la memoria como parte de su identidad.